Senderos de productividad

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    SP es un espacio de encuentro de personas, organizaciones y asociaciones, interesadas en compartir conocimientos y experiencias que sirvan para profundizar en el desarrollo de su productividad personal.
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  • Cuando menos es mas – TEXTO

     

    En algunas ocasiones el abandono, rechazo o eliminación de algo supone, automáticamente, el incremento de otra cosa.

    Esta paradoja me viene a la memoria al escuchar, por ejemplo, algunos de los propósitos más frecuentes que tantos de nosotros hacemos en el comienzo de cada año: perder equis kilos, dejar de fumar…

    Una de las reglas doradas cuando estableces una meta u objetivo es declararlo en modo afirmativo, porque nuestro cerebro no entiende las órdenes negativas (Repítete con firmeza y determinación “no quiero pensar en payasos”. ¿En qué estas pensando?… pues en payasos ¡claro!)

    Nadie quiere, realmente, perder quilos, ni dejar de fumar. Lo que quieren es encontrarse mejor, tener mejor aspecto o cuidar su salud.

    Algunos no son conscientes de que la forma en la que nos hablamos conforma lo que pensamos… y lo que pensamos influencia lo que hacemos… y lo que hacemos determina los resultados que conseguimos. O sea, “dime de qué – y cómo – hablas… y te diré los resultados que puedes conseguir”.

    Pero mientras nos esforzamos en cambiar nuestro lenguaje para cambiar los resultados que queremos conseguir aceptemos, por un momento, la realidad de esas expresiones frecuentes en formato negativo para proponer o sugerirte algunos de los propósitos que podrías elegir en este año que ahora comienza:

    Elimina de tu vida la culpa

    Deja de culpar a otros, deja de culparte a ti mismo y deja de aceptar las culpas que otros quieran echarte.       Si has cometido un error puedes elegir reconocerlo para aprender y cambiar, concretando lo que vas a hacer ahora para evitar que vuelva a repetirse. Si el error tiene algún tipo de consecuencias puedes compensar adecuadamente a la parte agraviada. Y finalmente puedes pedir perdón.

    No sirve de mucho (apenas tiene valor) pedir sólo perdón. Observa, también, cómo este comportamiento es, desgraciadamente, el más abundante en nuestra sociedad.

    La diferencia clave entre los dos comportamientos anteriores reside en hacerte responsable del error y sus posibles consecuencias. Respons(h)abilidad es la habilidad para responder de tus actos. ¿Cómo respondes tu, como el primer o el segundo comportamiento?

    Asignar – o aceptar – una culpa es destructivo y provoca una fuerte pérdida de energía. En su lugar declara con claridad y precisión qué es lo quieres, es decir, enfócate en el resultado a conseguir y, tal vez, la forma de conseguirlo. No en el no-resultado.

    Si otro comienza a culparte, respira hondo y solicita de inmediato una pausa, no permitas que continúe. Redirige la conversación hacia la aceptación del error, diseño de nueva acción/comportamiento que asegure la evitación futura de ese error, compensación si procede y, finalmente, petición de perdón.

    Abandona tu necesidad de ser perfecto

    El perfeccionismo es una forma de procrastinación. La perfección no existe en el espacio humano, la excelencia sí.

    El perfeccionista sufre frustración continuamente porque nunca jamás alcanza su propósito, su obra siempre podría ser mejorada.

    Elige perseguir la excelencia, sólo en aquellas cosas que lo requieran y, en el resto, entrega sólo el nivel de calidad esperado. De esta forma, además, incrementarás tu productividad.

    Deja ya de ser “el rescatador”

     Hay personas que sienten la necesidad de “rescatar” o “salvar” a otros de sus problemas o dificultades. Aunque lo hacen convencidas de que están haciendo un favor, un servicio o, incluso, un sacrificio, no se dan cuenta que, realmente, están agrediendo a la integridad de esas personas.

    Cuando alguien se siente víctima (impotente) ante una situación podrías ayudarle a encontrar una solución en lugar de dársela o, peor aún, intervenir tu mismo para solucionarlo en su lugar.

    La víctima necesita un “rescatador” o “salvador” para así poder perpetuar su papel de víctima. Deja ya de ser el “cómplice necesario” que mantiene y alimenta el victimismo del otro y elige estrategias para apoyarle en el desarrollo de su poder personal.

    Renuncia a cambiar a los demás

    Es frecuente observar el empeño que algunos mantienen para que otros sean o se comporten de forma distinta.

    Nadie cambia si no quiere cambiar, es decir, si no encuentra un beneficio en ello. Beneficio conecta, aquí, con los valores, creencias e intereses de ese individuo.

    Cuando empleas tu energía en intentar cambiar a otro, además de no conseguir tu propósito es bastante probable que te frustres por ello y que te ganes, de paso, su resentimiento.

    Una alternativa productiva es  elegir cambiar tu mismo… porque cuando tu cambias los demás cambian. En tu mano sí está cambiar(te). Pregúntate con más frecuencia ¿qué puedo cambiar en mi (actitud, conducta, etc.) para…? Y sorpréndete con los resultados que vas a conseguir, además de crecer con la ampliación de tus habilidades.

    Deja de culpar al mundo

    Este es, probablemente, uno de los deportes nacionales más extendidos. El mundo es, aquí, todo sobre lo que no puedes ejercer un control efectivo: los diferentes estamentos y agentes de autoridad (gobierno, empresa, familia, etc.), el clima, la economía…

    Muchas personas culpan a esos elementos externos de sus resultados y como saben que ellos no pueden hacer nada para cambiarlos terminan adoptando el papel de víctimas. Reconoce que se trata de un mecanismo que te sirve para escapar de tu responsabilidad

    Si eres una de esas personas observa como esa actitud genera la pérdida elevada de tu energía, que podrías emplear si enfocaras su atención en lo que sí está en tu mano conseguir.

    “Si fracasas en liderar no es porque fracases en liderar a los otros, sino porque fracasas en liderarte a ti mismo.” – Desconocido

    Jaime Bacás para Senderos de Productividad

     

    enero 15, 2013 | Sin comentarios | |

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