El planeta de los monos – TEXTO
En el año 1974 Bill Oncken Jr. publicó en la Harvard Business Review un artículo que se ha convertido en el segundo más consultado de esta prestigiosa y casi centenaria publicación. Su título: ¿Quién tiene el mono?
Si no estás familiarizado con esta historia puedes elegir entre leer el resumen que he preparado o descargar el original si quieres conocerla con detalle junto con un (siempre) jugoso comentario que Stephen Covey publicó en 1999 [...]
¿Dónde está el mono?
Oncken observó que la mayoría de los jefes gastaban mucho más tiempo, tratando los problemas de sus subordinados, de lo que ellos mismos eran conscientes.
Imagínate una escena como ésta. Paco se encuentra con su jefe, Julián, y le suelta: “Hola Julián, tenemos un problema, verás…”. Julián piensa que podría hacerse cargo porque posee determinada información del asunto y, también, de que no puede resolverlo en el instante porque el asunto requiere alguna reflexión o preparación. Así que le responde a Pepe: “Déjame darle una pensada. Te diré algo”.
¿Qué ha sucedido? Antes del encuentro Pepe tenía un mono en su espalda. Durante el encuentro el mono tomó impulso para dar un salto y… al despedirse el mono ya se encontraba en la espalda de su jefe. Desde este momento hasta que el mono sea devuelto a su dueño (Pepe), el jefe (Paco) gastará su tiempo en cuidar y alimentar al mono que ha adoptado.
Al aceptar el mono el jefe asume una posición subordinada a su subordinado, realizando tareas que supuestamente debería – o podría hacer – su subordinado (a esto se le llama delegación).
Y además le ha indicado que le mantendrá informado. Por eso Pepe al cabo de unos días sin recibir respuesta se acerca a su jefe y le dice: ¿Cómo vas con ese asunto? (a esto se le llama supervisión).
¿Y por qué ha sucedido esto? Porque jefe y subordinado han aceptado, consciente o inconscientemente, que el asunto o problema era nuestro (“tenemos un problema” dijo Pepe).
¿Quién trabaja para quién?
Cuando un jefe adopta esta conducta pronto se encontrará con una manada creciente de monos adoptados que le robarán una gran parte de su tiempo, dificultando la atención a sus propios monos. Paco pronto se convierte en un cuellos de botella, no da a basto y se siente desbordado. Empezará a alargar su horario de trabajo y más de un fin de semana se dedicará a cuidar y alimentar los monos de sus subordinados. Y lo peor es que conforme más eficiente trate de ser devolviendo los monos adoptados, más monos le llegarán.
¿Cómo liberarte de los monos?
Oncken recomienda al jefe que se reúna con su subordinado y le transmita que… “en ningún momento, mientras te ayude en algún asunto o problema, tu problema se convertirá en mi problema, ya que si el problema me perteneciera tú no tendrías un problema y, por tanto, yo no podría ayudar a una persona que no tiene ningún problema”.
“Cuando nuestro encuentro termine, el problema abandonará esta oficina de la misma forma en la que llegó – en tu espalda. Puedes pedir mi ayuda a través de una cita, y juntos decidiremos cuál es el paso siguiente y quién lo hará. En los infrecuentes casos en que el siguiente paso lo de yo la decisión también será conjunta”.
Transfiere la iniciativa
La creativa analogía del mono en la espalda se refiere – según explica Oncken – a la transferencia de iniciativa que un jefe puede ejercitar en sus subordinados y que jerarquiza en cinco niveles crecientes:
1. espera hasta que te lo diga
2. pregunta antes de hacer
3. hazme una propuesta y, después, actúa
4. actúa, pero avisando simultáneamente
5. actúa autónomamente, e infórmame periódicamente
El jefe se ocupará de la asignación y control de las mismas.
Cuidado y alimentación de los monos
Para clarificar el proceso de asignación y control anterior el jefe necesita conocer y cumplir escrupulosamente las siguientes cinco reglas:
Regla 1. Los monos deben ser alimentados o eliminados. De otra forma acabarían muriendo por inanición y el jefe perdería su tiempo valioso en actividades post-mortem o intentos de resurrección.
Regla 2. La población de monos debe ser mantenida por debajo del umbral de tiempo que el jefe disponga para dedicarse a su alimentación.
Regla 3. Los monos sólo pueden ser alimentados mediante citas. Así el jefe controla mediante su agenda.
Regla 4. Los monos sólo pueden ser alimentados de forma presencial o por teléfono, nunca por correo (recuerda que con correo el siguiente paso sería del jefe).
Regla 5. Cada mono deberá tener un tiempo de alimentación y un grado de iniciativa asignados, en caso contrario existe el riesgo de que muera por inanición o acabe en la espalda del jefe.
El comentario de Covey
Stephen Covey nos ayuda a situarnos en el contexto de aquellos años y nos recuerda que el estilo de dirección prevalente entonces era el de “ordenar y controlar”. Los jefes no se sentían autorizados para dar poder a sus empleados (empowerment), algo considerado como arriesgado y peligroso. Por ello el mensaje de Oncken de devolver los monos a su propietario real significó un cambio de paradigma clave.
Aunque el estilo basado en dar poder a los empleados está cada vez más extendido, llama la atención de Covey que aún hoy (escribe en 1.999) existan tanto jefes que continúan practicando el estilo de “ordeno y controlo”.
Empoderar a tus empleados no es sencillo, por tanto, devolver el mono a tu empleado requiere asegurarte que lo quiere y que está capacitado. Y, además, empoderar significa desarrollar a tus empleados, lo que suele involucrar una inversión mayor de tiempo que resolverlo tu mismo.
Covey señala, además, que ha observado que muchos jefes no delegan porque realmente desean hacerse cargo de los monos. La paradoja es que aunque consideran que sus empleados están infrautilizados simultáneamente no se atreven a cederles el poder. Concluye que ese deseo se refiere a la creencia profunda de que las recompensas en este mundo son escasas y que, como muchas personas, establecen su identidad personal por comparación con otros. Cuando observan como esos otros ganan recompensas (poder, dinero, reconocimiento, etc.) experimentan una “sensación de escasez” (Maslow), es decir, como sentirse robado. Por eso les resulta muy difícil sentirse genuinamente felices con el éxito de los demás. Muchos temen, subconscientemente, que si ceden la iniciativa a sus empleados ellos mismos se sentirán menos fuertes, más vulnerables.
La solución puede estar en que los jefes desarrollen su seguridad interna, la mentalidad de la “abundancia” que les permitiría ceder poder y aplicarse en el crecimiento y el desarrollo de su gente.
Y mi pregunta para ti
El impacto generado en los jefes de aquella época fue enorme y la pregunta que – 38 años después – te invito a contestar es: ¿los jefes de 2012 han aprendido la lección de Oncken?
Y si eres jefe: ¿cuántos monos adoptados tengo? y ¿qué puedo hacer escapar al subempleo?
“El principio es competir contigo mismo. Se trata de auto-mejora, de ser mejor de lo que eras ayer.” – Steve Young, jugador de fútbol
Jaime Bacás para Senderos de Productividad
febrero 7, 2012 | Sin comentarios | |
Comentarios
Deja tu comentario





