Good enough vs. perfect - TEXTO
Crees que el trabajo realizado excelentemente, o lo más cercano a la perfección, es a lo que se debe aspirar?
Seguro que por tu experiencia, en muchos casos la respuesta puede ser “no”, debido a que el día a día nos ha demostrado que no es posible hacer todo perfecto. Pero por dentro, a nivel emocional, y a nivel inconsciente incluso, puedes seguir teniendo la poderosa tendencia al perfeccionismo.
¿Y cuál podría ser una definición de perfeccionismo para que nos entendamos? [...]
Por ejemplo, “la necesidad que siento de hacer todo lo que hago, o por lo menos aquello que considero importante, en una gama del 1 al 10, de 10”.
El mundo está lleno de perfeccionistas, yo he sido uno de ellos. En el ámbito de la empresa, y a nivel directivo, es muy frecuente que los líderes aspiren a la excelencia, entendida como el rozar la perfección.
Ahora bien, la pregunta que debemos hacernos sería: ¿Es necesario y beneficioso el perfeccionismo en el mundo de nuestra empresa hoy?
Y la respuesta, en la mayoría de los casos, suele ser un rotundo “NO”.
¿Y por qué no? Vamos a dar varios argumentos sobre los que reflexionar:
- El perfeccionismo es un criterio personal. Quiere decir que hago lo que considero mejor para mi criterio. Con lo que los criterios de otros no influyen, aunque trabaje para ellos. Esto significa por ejemplo, con respecto a los clientes, que no tengo en cuenta su nivel de exigencia, sino el mío.
- Consecuencia de tener en cuenta mi criterio de exigencia: posiblemente trabaje más de la cuenta, gaste más energía, más dinero, por logros que en general no van a ser apreciados por el cliente, al menos en contraste con los precios pagados para alcanzarlos
- Dificultad extrema para delegar: nadie lo va a hacer mejor que yo, con lo que asumiré mucha más carga de trabajo de la que debo, realizando funciones que no me competen. ¡Como si me sobrara el tiempo!
- Desconfianza hacia los colaboradores: si tiendo al perfeccionismo, sentiré una potente necesidad de controlar y supervisar el trabajo realizado, que me va a llevar tiempo, y sobre todo, una percepción por parte de mi equipo de que no cuentan con mi confianza, con las tremendas repercusiones que ello tiene para la productividad y el clima laboral
- El efecto extremadamente negativo que tiene en el estado anímico el hecho de que casi nunca las cosas estén “bien” hechas, entendiendo ese “bien” como cercanas a la perfección, que es a lo que aspiro. Esto genera un estado recurrente de insatisfacción que pasa factura tarde o temprano
- La incapacidad de reconocerme y reconocer a otros logros, pues “nunca es suficiente”. De aquí deviene el que no sepa premiarme por logros cotidianos, y no sepa premiar a otros. Y cuando la acción sale como debía, posiblemente me diga: “era mi trabajo”, y punto.
- El posponer acciones que debo realizar, porque necesito el tiempo y las circunstancias necesarias para poder hacerlo “perfecto”.
La lista podría seguir y seguir, pero estas consecuencias que hemos plasmado deberían ser suficientes para replantearnos algunas cosas.
Porque ¿en una empresa del siglo XXI podemos permitirnos esto? NO. La profesionalización del directivo, lo que va en su sueldo, pasa por determinar las necesidades de sus clientes, tanto externos como internos (equipo y colaboradores), y ceñirse a lo necesario, no a lo deseable para uno mismo (podemos dar siempre algo más de lo esperado, para potenciar la satisfacción final de dicho cliente, pero solo “algo más”, que no nos implique más trabajo y esfuerzo de el aprecio de ese logro por parte del cliente final).
Se trata de trabajar centrándonos en las necesidades de los otros, no en las mías. En pocas palabras, se pasa de trabajar bajo el paradigma “perfect”, al paradigma “good enough”.
En castellano tenemos una frase que resume muy bien este concepto: “lo mejor es enemigo de lo bueno”. En un mundo empresarial donde la velocidad en atender las necesidades de los clientes es un factor estratégico, el perfeccionismo, el hacer las cosas “lo mejor que se puede” desde mi criterio, se convierte en un craso error, e impide satisfacer lo que el cliente realmente quiere. Porque si le preguntáramos… ¿qué preferiría, que se lo entregue en plazo, o que haya quedado perfecto pero una semana más tarde? Posiblemente, la opción A.
Así que es una exigencia imperiosa en el siglo XXI, como directivos de empresa, que sepamos evaluar la expectativa de nuestros clientes, y ceñirnos a ella. Si el cliente quiere nuestros productos o servicios, y es suficiente para él un 7 sobre 10, le podremos dar un 8. Pero trabajar por un 9 o un 10 será una completa pérdida de tiempo, dinero, energía… y sobre todo, de ineficiencia: irá en contra de nuestra productividad. Y nos pagan para ser productivos…
Este concepto del “good Enough” entra en contradicción sobre la extendida creencia de que hay que buscar la excelencia, entendida como un trabajo perfecto. Hoy no es posible, en el mercado en el que nos movemos. Y el día a día nos da la clave: ¿Cuál es el factor que más nos influye negativamente y genera el estrés y en muchos casos el síndrome del burn out, en el ámbito directivo? La sensación de que no domino la situación, pues tengo cosas que hacer que exceden con mucho el tiempo del que dispongo. Vamos: que jamás, jamás, las cosas van a salir tan perfectas como querría.
Y una vez que se asume esta realidad, podemos centrarnos en “como usar el tiempo de que dispongo de la manera más eficiente posible”. Y para ello, te propongo un par de recursos, si crees que el perfeccionismo es para ti un problema:
1. Céntrate en hacer una cosa cada vez, y cuando la estés haciendo, ten tu mente en eso, sólo en eso, y en nada más. Asígnate un tiempo determinado para hacerlo, que sea menos del que crees necesitarías para realizarlo perfecto, y en ese rato que le vas a dedicar, hazlo lo mejor posible, pero luego acepta como ha quedado, y no lo retoques
2. Utilizar la técnica del borrador: Date permiso para hacer “un borrador” de la tarea que debes hacer. No tiene que salirte perfecta: dale poco tiempo, porque es un “borrador”, y luego ya lo trabajarás más tranquilamente. Trabajando de esta manera, te quitas la presión de que te quede “perfecto”, y puedes ponerte a hacer algo en 5 minutos que de otra manera podrías estar posponiendo y posponiendo.
Yo he utilizado la técnica del borrador para escribir este artículo. Lo curioso es que en la mayoría de los casos, luego, al haberme dejado fluir sin presiones, tengo que corregir prácticamente nada.
Ya Al Trout y Jack Ries anticiparon que las empresas que se posicionan como nº 1 en la mente del cliente son las que se llevan el gato al agua (pues ese cliente presupone que además, son las nº 1 porque son las mejores, y esto, por supuesto, no tiene por qué ser así).
Te invito a que revises tu manera de trabajar, y cuando detectes “necesidad de perfeccionismo”, te hagas la siguiente pregunta: ¿es lo que debo hacer? Y en función de tu respuesta, procede.
José Pedro García, coach y socio director de Excellence Research Institute
Enero 19, 2010 | | |
Comentarios
Una respuesta to “Good enough vs. perfect - TEXTO”
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Enero 19th, 2010 @ 10:56 am
Muchas gracias por este artículo tan claro y conciso. Voy a poner en marcha las dos estrategias que comenta para solucionar mi problema de perfeccionismo y se las comentaré a todas las personas con las que trabajo. De esta manera todos nos beneficiaremos.
Gracias de nuevo. Un saludo y feliz día.