Senderos de productividad

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GESTION DE ACCIONES vs. GESTION DEL TIEMPO Parte I - TEXTO

Por qué le llaman gestión del tiempo, cuando quieren decir…?

No deja de parecerme sorprendente que la gran mayoría de cursos sobre la gestión del tiempo, se inician con la declaración y demostración de que el tiempo no puede ser gestionado. Aunque, para tranquilidad de los asistentes, inmediatamente se presentan las técnicas y recetas para gestionarlo con efectividad.

                          

Que la eficacia de este tipo de cursos es limitada no es sorprendente….

Con eficacia me refiero a la tasas de transferencia al puesto de trabajo. El asistente conoce un buen puñado de técnicas y de recetas que parecen tener sentido y, después de reflexionar acerca de cuáles le serán a él de mayor utilidad, decide ponerlas en práctica inmediatamente. Para su sorpresa y decepción comprobará, muy pronto, que sus esfuerzos no obtienen la recompensa esperada. Apenas ha conseguido implantar un par de consejos. Su panorama no ha cambiado apreciablemente. Continúa soportando, prácticamente, los mismos problemas que tenía antes del curso. Al cabo de unos días se da cuenta que su inversión de “tiempo” en el curso no ha merecido la pena.

¿Por qué sucede eso?

Por varias razones. Una de ellas se debe a la educación recibida al respecto, que parece conducirnos a la aceptación de una realidad casi “tangible” del concepto tiempo. El lenguaje, que es un reflejo fiel de nuestra forma de ser y de hacer, lo revela. Utilizamos, casi siempre, el verbo tener: “tener tiempo”. Al tiempo lo poseemos, como al dinero. Consideramos el tiempo como una divisa con la que podemos conseguir cosas. También lo cuantificamos. O tenemos mucho o tenemos poco. Antes tenía más o menos. Cuando tenga podré hacer aquello.

Esta creencia nos indica que nuestra capacidad para hacer y, por tanto, conseguir, depende en gran medida de la disponibilidad del “recurso” tiempo. Si tengo podré conseguir, si no tengo suficiente no podré. Es decir, que mis resultados dependen de la cantidad de tiempo disponible. Por eso parece tener sentido aprender a gestionarlo con más efectividad. Porque creo que una mejor administración me permitirá mejorar los resultados. El objetivo de estos cursos puede resumirse en “hacer más en menos tiempo”. El criterio que mide la efectividad de la gestión es el tiempo. Se trata de hacer en 8 horas lo que antes hacía en 10.

¿Por qué no lo consigo? ¿Por qué no me siento satisfecho? ¿Por qué los progresos no son sostenibles?

- Hoy te habías comprometido a entregarme el informe - “Lo sé, pero…no he tenido tiempo”

- ¿Vendrás a la reunión? – “No tengo tiempo”

- “Te dejo. No tengo tiempo”

- Después nos vamos a tomar unas cañas ¿vienes? – “Me encantaría… ¡si tuviese tiempo!”

Lo que revelan estas conversaciones, que todos los días escuchamos a nuestro alrededor y a nosotros mismos, es que la razón por la cual no le hemos entregado el informe, ni vamos a la reunión, ni a tomar unas cañas, es ajena a nosotros. La culpa de lo que me pasa  no es mía. Es del tiempo. No he parado de hacer cosas en todo el día, así que tengo la conciencia tranquila en cuanto a que no he estado vagueando. Me pesa no haber cumplido mi promesa y, también, las consecuencias de mi incumplimiento. Si hubiera tenido tiempo lo habría hecho. Pero…es que no tengo tiempo suficiente.

La consecuencia de mantener esta creencia limitadora es que situamos el poder de cambiar la situación que no nos satisface en tener más o menos tiempo. El poder no es nuestro. Depende de un factor “externo” a nosotros, el tiempo.

Por este motivo las personas con esta creencia funcionan en modo reactivo. Es decir, reaccionan frente a las situaciones que se les presentan. Por consiguiente, no controlan la situación. Su vida es una continua concatenación de reacciones que les permiten sobrevivir. Son personas que no tienen metas propias. Su actividad consiste en ayudar a que otros consigan sus metas. Es una forma encubierta y aceptada de esclavitud.

Su nivel de satisfacción es, en el mejor de los casos, bajo. Usualmente, muy bajo.

Aunque no les conozcamos los reconoceremos inmediatamente porque se quejan con frecuencia. De su empresa, sus jefes y el mundo entero. Siempre van corriendo a todas partes. Se ocupan de asegurarse que los que están a su alrededor se den cuenta de lo agobiados que están. Por supuesto te dejan con la palabra en la boca para contestar su móvil y cuando este no suena atienden las alertas de SMS, correo-e, etc. No se lo tendrás en cuenta porque casi todo el mundo hace lo mismo. Tal vez tú también. Así que no lo puedes criticar. Es, también,  una forma de mostrar lo necesarios que son para su organización. Sin duda se trata de una organización que valora ese comportamiento. Trabajar mucho, durante muchas horas es sinónimo de resultados.

Bastantes portan este rol a su vida personal y así se encuentran respondiendo llamadas y correos-e por la noche en casa y durante los fines de semana. Es el modelo 24/7. ¿Qué impacto tienen estas conductas en sus relaciones laborales? ¿Cuáles son las consecuencias en su ámbito personal? ¿Es cierto que estas conductas incrementan la productividad del individuo? ¿Son felices? Es decir, ¿están viviendo la vida que desean?

¿Conoces a alguien de este perfil? ¿Es tu perfil parecido? ¿En una escala de 1-10 dónde te sitúas? ¿Qué vas a hacer, concretamente, para incrementar un par de puntos en la escala? ¿O elijes quedarte dónde estás ahora?

Jaime Bacás para Senderos de Productividad

Mayo 12, 2009 | | |

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